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Ai no Kusabi (Novela) en español

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Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Calisto Dermaur el Lun Abr 22, 2013 7:49 am

Novela de Ai no Kusabi traducida por Yukeri no Fansub, uno de los afiliados. El proyecto está en proceso y no hace mucho que se inició, en cuanto tengamos terminada la nueva web subiremos un capítulo a la semana. Tenemos los dos primeros capítulos por el momento, gracias por vuestra paciencia.

Comentarios de la traductora: Recordad que no soy traductora profesional, soy estudiante de idiomas. Así que por favor no espereis una gran y perfecta maravilla, pues traducir una novela no es fácil. No obstante lo hago lo mejor posible y espero que sea de vuestro agrado ^^ gracias a todos mis amigos y conocidos por su apoyo n.n

Mapas de Amoi

Spoiler:




Tomo 1

Capítulo 1
Spoiler:
Capítulo 1

Oscuridad allá donde el ojo alcanza a ver.
No era una oscuridad tan impenetrable como la que reprime los sentidos con una insoportable claustrofobia, pues podían distinguirse una especie de sombras emergentes con bastante transparencia para revelar los contornos del ambiente que los envolvía.
Tranquilidad absoluta.
Programado para un “permanente confort”, el aire acondicionado apenas soltaba un susurro. Tan solo flotaban ondulantes corrientes de aire como relucientes y cálidas olas atravesando los contornos de la irregular oscuridad. Eran como la pesada y opaca masa de un témpano de hielo descendiendo a las profundidades.
Y entonces se oyó el leve sonido de las sábanas de la cama en medio de la habitación. La sombra de alguien temblaba adelante y atrás, como si flotara al igual que una boya sobre suaves olas, hinchándose desde el profundo silencio. La sombra se retorció a izquierda y derecha, repentinamente se tensó en aparente rigidez. El ocupante de la cama giró una y otra vez, totalmente despierto, irritado por un persistente insomnio.
¿O quizá por la visita de malos sueños?

No, no era eso. No era que no pudiera quedarse en la cama, sino que no podía levantarse de ella.
Sus muñecas estaban firmemente atadas juntas sobre su cabeza, mientras sus tensos brazos temblaban visiblemente. Apretó los puños, mostrando una desesperada resistencia hacia su confinamiento.
Debía liberarse, no importaba el costo. Era el pensamiento del poseedor de un espíritu indomable, él no parecía estar en apuros ni mostraba un esfuerzo frenético.
Tal vez se dio por vencido en la lucha o estaba ya muy cansado de resistirse. Su expresión permanecía inescrutable, aunque ahora desprendía de sus labios un leve gemido… el sonido de un hombre alcanzando los límites de su persistencia.
Retorció su cuerpo cautivo para refrenar aquel abarrotamiento que seguía saliendo incontrolablemente desde su interior, apretando desesperadamente los dientes para resistirlo.
Estos sonidos producían ecos sumamente estremecedores. De hecho, un oyente casi podría tomar las respiraciones de esos saciados suspiros, e impregnarse profundamente de colores y aromas lascivos.
-¡Hijo… de… puta! Tú… -.
Las maldiciones brotaban de su boca, su respiración se agitaba, sus labios temblaban, la histeria emergía de sus fuertes latidos y su ardiente garganta. Como las repetidas imprecaciones que brotaban y se desvanecían, él sabía que mientras hacía eso tan solo sus entrañas se consumirían como víctimas de un poderoso veneno. Y sin embargo las maldiciones aún se derramaban fuera de él.
-¡Puta mierda…! -.
Derramando lágrimas sin vergüenza u honor, su erosionada fuerza de voluntad y castigado orgullo fueron lanzados al viento, se regañó a sí mismo, mordiéndose el labio inferior con fuerza suficiente para sacarse sangre.
No importaba lo fuerte que gritara, sus alaridos no alcanzaban más oídos que los suyos propios. No lograba comprender como es que si chillaba por misericordia al límite de sus pulmones, nadie lo estuviera escuchando. En la habitación en la cual estaba amarrado, en enorme contraste con aquel resplandeciente mobiliario, no había nada sino una sombría carcel.

¿Cuánto tiempo había pasado desde que le fue inyectado el afrodisiaco? Él perdió toda noción del tiempo. Posiblemente unos meros diez minutos, pero más parecía que hubiera pasado toda una hora desde la inyección. Incluso su cabeza palpitaba desde dentro.
Los músculos de sus ingles se endurecían al punto de doler. Espasmos le sacudían hasta las puntas de los dedos. Su respiración aumentaba desigualmente y su sedienta garganta gritaba pidiendo auxilio. Y ahí estaba su miembro intensamente erecto, tan excitado como un sordomudo filtrándose a través de sus lumbares, tan hinchado como presionar las venas y capilares hasta el punto de reventar.
¡Todo su cuerpo necesitaba alcanzar el climax! ¡Él no podría reprimirse mucho más!
Contorsionaba su cuerpo y apretaba sus muslos juntos lo que solo intensificaba la agonía para su oprimido órgano que parecía querer liberarse de la peor manera posible. Su campo de visión era una neblina rojiza. Desde sus partes bajas, las febriles convulsiones se dispararon a través de él, amenazando con entablillar su espina dorsal.
Contenido por un anillo en la base de su pene, no podía eyacular. En absoluto. – ¡Hijo de puta! – espetó, sus labios temblaban. Apenas consciente, repetía una y otra vez la palabra - ¡Mierda, mierda, mierda! -.
No conocía otra forma de escapar de la abrasadora tortura que se volvía cada respiración.

Fue entonces cuando la puerta de la habitación se deslizó abriéndose, de derecha a izquierda. Ocupado por la angustia que lo consumía desde dentro, no notó al hombre que estaba entrando en la habitación.
El hombre se acercó al cautivo con cuidadosos pasos. Se movía con una suave elegancia, y la gruesa alfombra absorbía cada evidencia audible de su presencia. Sin pronunciar palabra tocó un interruptor junto a la cama.
Hecho esto, la habitación se llenó de una suave luz. Había tenido al prisionero retenido en la oscuridad, gentilmente iluminó todo pero cegó al cautivo. Incluso entrecerrando sus ojos, le tomó un largo minuto acostumbrarse a la luz.

Se fijó en el rostro del hombre, el cual era llamativo y hermoso pero implacable, parecía no tener una pizca de vulnerabilidad, y las lágrimas brotaron de sus ojos. Su fuerza de voluntad y resistencia, estirada hasta el punto de romperse, repentinamente sucumbió ante el rostro de ese hombre.
-¿Cómo vas? ¿Has soportado lo suficiente? -.
La voz del hombre era varios niveles más fría que su indiferente actitud. El oyente no podía más que ser persuadido por la particular firmeza de su voz, una firmeza que desprendía la severidad de alguien muy acostumbrado a dar órdenes.
-¡Ya es suficiente! – imploró el cautivo, contorsionando su cuerpo y ahogando sus lágrimas.
Y aún así el hombre no movió ni una ceja -Te ofrecí la oportunidad de tomar tu mejor opción entre cualquiera de los otros ¡No de que te lo montaras con alguna zorra!-.
Había una perturbadora discrepancia entre su tranquilo tono de voz y sus ojos, los cuales eran fríos como la muerte -Por lo menos, sabías que Mimea estaba comprometida ¿o no? Incluso Raoul está soltando calumnias, diciendo que tú lo arruinaste todo. Este es el castigo que mereces-.
El cautivo no podía mentir sobre eso, conteniendo su respiración en respuesta a esa deliberación, tan duras palabras lanzadas contra él.
-¿De verdad tu vanidad te convenció de que podías ganarte a Mimea? Siendo ese el caso, incluso si simplemente estabas jugando a ser un Casanova, seguramente conoces las reglas del juego que deben ser respetadas ¿no? -.
Detrás del hombre, la aguda voz de una mujer irrumpió en la habitación – ¡No fue un juego! -.
El cautivo se contrajo como si la voz de ella le hubiera picado como un aguijón. Sus ojos se agrandaron con sorpresa, viendo el rostro de Mimea expuesto ante el mundo después de tantas citas clandestinas.
-Ella insistió en venir a verte, y no aceptará un no por respuesta. Bueno, dicen que el amor es ciego, pero vosotros dos no parecéis haber entendido que no podéis decidir. Así que oigámoslo directamente de la boca del semental -.
¿Oír qué? Los temblorosos ojos del cautivo preguntaban en silencio, empezando vagamente a anticipar lo que el hombre iba a decir seguidamente.
-La relación nunca fue real… eso fue lo que dijo. Si no hubiera sido Mimea, cualquier cálido cuerpo hubiera sido suficiente. Solamente estaba interesado por un cuerpo femenino -.
En ese momento, otra sensación recorrió la espina dorsal del cautivo. No eran los excitados espasmos de placer, sino algo más relacionado con una fría y oscura desesperación.
-Mientras estuviera tomando una vagina desocupada para calmar su calenturienta y palpitante virilidad, no importaba de quien se tratase. ¿No es eso lo que dijiste? -.
El hombre no sería derrotado. Las amenazas implícitas en el trasfondo de su voz abrumaban sus sentidos. Las mejillas del cautivo se tensaron, y con esa sensación helada respiró y tragó duro.
Pero antes de que sus temblorosos labios pudieran responder, la mujer habló – ¡Eso es mentira! ¡Todos nos estáis encadenando, intentando destruir nuestra relación! -.
Endureció su voz y miró con reproche al hombre. Para Mimea, la persona que podía poner grilletes a su amante para su satisfacción era más un rival para sus sentimientos de afecto que una figura de máxima autoridad.
-¿Sabes a quién escogió Raoul como mi pareja? ¡Jena! Supuestamente porque tiene buenos genes… -. La manera en que sus palabras temblaron y se arrastraron indicaba la desesperada naturaleza de sus emociones - ¡No tendré nada con él! Su naturaleza pervertida está escrita en su cara. ¡Pensar en ser entregada a él… en tener un niño de él… me enferma! -.
Como mujer esto era algo que su orgullo no podía permitir, entonces casi en el mismo respiro se acercó al cautivo, con un indisimulable afecto, adolorida - Tú eres diferente de las demás personas ¿no es así? Solo me amas a mí ¿no es cierto? -.
Pero el cautivo no oyó la mitad de lo que ella dijo. Tenía puesto todo su esfuerzo simplemente en evitar gemir en voz alta, contorsionando su cuerpo tratando de mantener la apariencia de que había estado atento a la conversación todo este tiempo. La única cosa que pudo rescatar de las palabras de Mimea fue la revelación de sus citas encubiertas con ella que echaron todo abajo.

Recordó cuando su secreto se hizo público, sus compañeros se unieron contra ellos “– No andaremos por un tipo que se cuela por una decadente princesa manufacturada de la Academia -.”
De Mimea se decía “- No tiene buen ojo para los hombres, colándose por una basura como esa-.” Estas eran la clase de palabras que se decían a sus espaldas. Un codiciado producto de la Academia por un lado, y él mismo por el otro: nacido y alzado de entre la escoria de la sociedad.
Pero Mimea lo sabía. Y detrás de las sombras de las incesantes mofas, bajo los azotes de las manos de la censura pública y las dagas de las miradas reprochadoras, una de entre todos se percató y fascinó del raro espécimen que era él.
Pese a los meritos de su linaje (o la ausencia de los mismos), pese a la belleza de su rostro (o la ausencia de la misma), pese a su record criminal (o la ausencia del mismo)… su única presencia por si sola cautivaba a la gente. Para bien o para mal, esta primera impresión de él siguió hasta que él creía estar siendo grabado en piedra para luego ser aplastado sin compasión.

Mimea había visto el final desde el principio: el día tras día de decepciones manteniéndolos a parte, los fingimientos de territorialidad, las figuras engreídas tras la campana de cristal.
De entre sus compañeros ella era la más hermosa de todos. No como esos flagrantes y maliciosos cotilleos, o los oscuros celos, o los insidiosos comportamientos comenzados por su piel.
Las expresiones y conducta de él seguían siendo incivilizadas en extremo y su espíritu absolutamente individualista nunca le permitía tomar un camino porque lo hicieran los demás.
Sin embargo, sus acciones no carecían de significado. Él por si mismo obtuvo una particular clase de “pureza”.
Era por eso por lo que Mimea le quería, sin importar que. Aunque ambos eran pájaros en una jaula, ella quería creer que su emparejamiento podría lograr algo completamente nuevo.
Fue por eso por lo que ella se le acercó, por lo que le tentó con besos, lo atrajo a sus brazos, y entonces deseó con ardor fusionar sus cuerpos en uno. El pasaría a ser suyo y solo suyo.
Aquellos eran los frágiles e ingenuos sueños que ella tenía.

A pesar de que él era aparentemente franco y de dura actitud, hace solo unos pocos días a ella siempre la miraba de un modo más suave que a los otros. Ahora, sin embargo, apartó la mirada sin ofrecer explicación alguna. Para Mimea, la situación no podía ser más angustiosa. Su silencio prendió en ella una indescriptible ansiedad.
-¿Por qué no dices nada? -.
Ahora ella tenía que afrontar la realidad: Él no deseaba verla. ¿Cuál era el valor de una vida que los ataba con cadenas invisibles? Una vida forzada…
Un amasijo de pensamientos hirió el corazón de la mujer. Incapaz de seguir cargando con ello, rompió a llorar casi histérica - ¿Por qué no me miras? ¡Di algo por favor! -.
Ella elevó sus cejas y frunció sus rojos labios, sabiendo que seguramente no obtendría de él ni una mirada. En un momento, se había mostrado ante ella el horrible rostro de una inesperada traición, reflejada en el cautivo que le daba la espalda, él que no saltó siquiera en su propia defensa con la típica bravata de todo hombre. Ella ya no podía hablar, pese a toda su furia… tan solo se sentía el fuego en sus ojos.
“Ah, esto es el final” pensó el cautivo desde su corazón.
-¡Cobarde! -. Mimea lo denigró, con su voz casi tornándose en un fuerte grito.
Tras eso él pudo sentir un llanto desgarrador a su espalda, era como ser azotado con un látigo de púas. Se mordió el labio todo lo fuerte que podía. Haciendo presión con sus dientes, con punzadas en su garganta como si estuviera envuelta por espinas, el dolor trepaba como un abrasador veneno ardiendo en su pecho. Sus extremidades se pusieron rígidas. Su voz podía ser igual un gemido o un sollozo emergiendo desde su bloqueada mandíbula.
Incluso él difícilmente distinguía la diferencia.
En pie tras él, Mimea se marchó con sus labios temblando.
-Y quizá tú también hayas aprendido una cosa ¿o dos? -.
El hombre, tras asegurarse de que Mimea se había apresurado a desaparecer tras la puerta, se sentó en el borde de la cama. Se lo estaba tomando con calma.
-Bueno, esta conclusión era completamente predecible desde un principio – murmuró suavemente. Apartó las sábanas, revelando un cuerpo desnudo que estaba aún en proceso de crecimiento para convertirse en adulto. La flexible simetría de las maduras extremidades del cautivo y la manera con que su cuerpo se retorcía en agonizante placer solo contribuyeron a incitar el sadismo del hombre.

La mirada del hombre observó detalladamente el cuerpo del cautivo. Sus fríos y plácidos ojos no expresaban ninguna pasión desenfrenada, ni su pulso se aceleraba. Solo cuando la cruel mirada del hombre se depositó en los muslos del cautivo su rostro se tornó ligeramente más oscuro.
Ahí estaba el duro y excitado miembro viril del cautivo que lloraba por su tormento. ¡Quiero correrme! ¡Déjame llegar al climax!
-¿Quieres correrte? – susurró el hombre con una persuasiva voz.
Los labios del cautivo temblaron mientras tomaba aire, sus aguados ojos le suplicaban. Se esforzó en asentir con rigidez, repetidamente.
El cautivo respiró profundamente mientras el hombre separaba sus rodillas hábilmente. Creyó que por fin le iba a liberar de esta exasperante tortura.
Sin embargo, su repentino optimismo fue echado por tierra, con no más que una mirada a su hinchado y duro pene, el hombre puso al descubierto el trasero del cautivo por el muslo izquierdo y con su dedo acarició gentilmente el valle que dividía sus dos nalgas.
Soltando un gemido, los ojos del cautivo se volvieron.
-Disfrutaste de los placeres de Mimea sin mi consentimiento. ¿Realmente creías que podrías lavarte las manos como si nada después de que se supo? -.
Por primera vez la auténtica sombra del miedo ensombreció la mirada del cautivo.
Como siempre, el hombre era lo peor de los amos más serenos, al punto de lucir extremadamente glacial.
Pero tras la fachada de este hombre, cuya voz nunca expresaba la más mínima duda, se escondía el rostro de un duro e implacable capataz. El cautivo sabía esto mejor que nadie.
Es por eso que, a estas alturas, el no esperaba ninguna compasión de ese hombre hacia sí mismo, ni preguntaba suplicante “¿Por qué?”.

Cuando su relación con Mimea le fue revelada al hombre, él se mostró desafiante. Le puso los cuernos a su cónyuge y se perdió a sí mismo en el suceso resultante. Fue algo que cualquiera pudo haber hecho, pero no como lo hizo él.
Él amó a Mimea. Su glamurosa apariencia. Su pura y cultivada altanería. Su ignorancia del mundo real, de modo que nunca se atrevió a ir más allá de su lugar asignado. La suavidad de su piel en cada parte en que la tocó. Lo amaba todo de ella.
Ella no lanzó prejuicios contra él como lo hacían los otros. Ella era su única compañera. Ella aceptó todas sus inconformistas cualidades y las valoró, y él era un ser humano más. Sin embargo él sabía que había un lado oscuro en su breve “luna de miel” juntos, y no podrían nunca considerarse el uno del otro como “amantes”… y ese era el verdadero secreto que le llevó a engañar al hombre.
Fue porque el cautivo se encontró a sí mismo en una jaula de oro que nunca deseó. Para un salvaje adolescente que nunca se dignó a besar los pies de nadie, que no sabía nada salvo ganarse duramente el respeto de los demás, esta incontrolable sensación de claustrofobia le estaba sofocando.
En este estado, las cosas solo podían ir de mal en peor. Estaba como encerrado en un cascarón, pudriéndose poco a poco por dentro, y eso le estaba matando. Lanzando su magullado orgullo al viento y besando al hombre que lo destruiría de una vez y por todas.
Es por eso que, cuando llegaba la hora de la verdad, se lo tomaba a la ligera. Esto le causaba un sentimiento de culpa hacia el hombre…y sobre todo hacia Mimea… con la cual era más intenso.
Pero ahora… ahora el miedo tocó su corazón.
-Con Mimea… solo lo hice… una vez -.
Sabía que el hombre no reaccionaría ante esa torpe excusa, pero también sabía, con un cierto temor, que él se mostraría algo razonable.
-Da igual si lo hicisteis una o cien veces, según mi opinión. Que la hayas tenido en tus brazos es razón suficiente -.
La yema del dedo del hombre reptó coquetamente hacia su ano. El cuerpo del cautivo se sacudió. No solo tenía el pene duro y una rebosante gordura con tales espasmos de placer, sino también una flor escondida en su parte baja. En estas circunstancias abrió sus pétalos tan solo para unas persistentes preliminares volviéndose encantado con ello.
Como si diera a entender su verdadera condición promiscua, el hombre examinó los pliegues de la flor con las puntas de sus dedos –Aquí es donde mejor te sientes, como ahora… -.
¡No!
Pero el cuerpo del cautivo lo traicionaba antes de que sus palabras emergieran de su garganta.
El ser consciente de que estaba impotente para impedir nada solo le causaba más miedo. Se le puso la piel de gallina, de cualquier modo su carne sucumbía a la llovizna de punzadas de placer.

Lentamente, el hombre lo penetró con su dedo, doblándolo de forma ondulante provocativamente dentro del cautivo. La sensación provocó un gemido gutural mientras su cadera se removía y retorcía sin control.
-¿Qué es esto? ¿Tratando de salvar tu ego incluso ahora? ¿Qué tal si en cambio me das un buen grito? -.
La voz del hombre poseía la quietud del permafrost, tanta como pudiera imaginarse de la habitual frialdad de su sangre. En efecto, tales imaginaciones solo dejaban sin habla al cautivo causándole temor. Con cada lasciva vuelta del serpenteante dedo del hombre, el palpitante miembro se contrajo aún más, produciendo un adormecimiento intenso y extendiéndose por todo su cuerpo.
Medio inconsciente, el cautivo apretó su esfínter. Pero en lugar de repeler la invasión del objeto que entro del exterior, su cuerpo agarró el dedo del hombre con más fuerza, atrayéndolo profundamente dentro de él sintiendo cada vez más placer. Y mientras lo hacía, sus temblorosas caderas comenzaron a trotar lentamente sin vergüenza, con una encantadora desesperación.
Aunque…
Claramente aún no era suficiente para el hombre, que lamió el lóbulo de su oreja y le murmuró al oído –Si, así, un buen chico -.
-Hiiii… - trinó el cautivo. Un pequeño grito, y su espalda se arqueó. El remolino de pequeños hormigueos mordisqueándole hasta la espina dorsal repentinamente mostraron sus colmillos y le llegaron hasta la médula. Sus brazos flexionados y sus piernas dobladas se sacudieron y convulsionaron.
Como venganza el hombre introdujo su dedo más profundamente, prendiendo una llama que quemaba al cautivo hasta los párpados. Él tomó aire, sintiendo como si cada vaso sanguíneo de su cuerpo estuviera a punto de estallar. No solo su hinchado pene, sus tetillas estaban dolorosamente erectas también.
Podría escapar de esta increíble agonía al desmayarse, pero el hombre le forzaba a jadear laboriosamente en busca de aire, sin dejarle correrse. Llevando el capullo de su ano a un refulgente florecimiento, el hombre le obligaba a mantenerse consciente con su lujuria, jugando con sus partes bajas sin descanso.
-Ahhhh…haaaa…hnnnnn…. -.
Los labios del cautivo se agitaban temblorosos con irregulares respiraciones impulsadas desde su garganta. Sus caderas se movían violentamente, siguiendo las sensaciones precipitadamente, y sin una sola promesa de liberación.
-¡Aaaaargh…! -.
Con cada medio llanto escapando de su garganta, soltó un alarido que se aproximaba más a un grito, su cuerpo ardió por completo hasta su boca que se tornó en una melosa mueca. Tal era la inimaginable amenaza del hombre que practicaba los preliminares.
El hombre jugaba sin compasión pellizcando los duros pezones, haciendo que se afilaran. Atrajo hacia adelante la cabeza del cautivo haciéndole estremecer dándole cuidadosas caricias con sus dedos, mientras hacía gritar al cautivo.
Su ano engullía firmemente aquel dedo, el hombre lo retorció por un segundo, forzándolo a ampliarse.
-¡Hiii…yaaa…! -.
Un riachuelo de lágrimas caía por su cara, el cautivo jadeó, suplicando con la voz entrecortada -Suficiente… no más… no… lo… volveré… a hacer… ¡Ahhh! -.
Estaba mendigando, suplicando por clemencia. Otra vez no. Nunca más. ¡Nunca lo volvería a hacer!
¡Piedad!
Sus palabras iban en serio y se repetían una y otra vez como si un delirio febril lo hubiera paralizado, helando su boca.
El hombre volvió a susurrar a su oído –Te dejaré correrte. Todas las veces que quieras. Hasta que te arrepientas de haber tenido a Mimea entre tus brazos -.
Y entonces con una calma heladora, pronunció su veredicto, imbuido con una inquietante oscuridad: -Eres mi pet. Y haré que lo sientas hasta lo más profundo de tus huesos -.
El hombre volteó sus ojos azules de tan increíble belleza que podían hacer a cualquiera titubear con asombro. En este momento, a demás, desprendían un destello de fuego helado... tal vez revelando la furia de su orgullo magullado, o más bien, la manifestación de su incontrolable obsesión.
No se puede saber cuál de las dos es la verdadera. El hombre era consciente de que la base de sus altivas convicciones, se arremolinaba en torno a unos retorcidos celos hacia Mimea.



Capítulo 2

Spoiler:
Capítulo 2

Midas. Ciudad de pecado. Una Calígula desdeñando el silencio de la media noche que transcurre serenamente.
O quizás un Mefistófeles más malvado que cualquier monarca conspirador. O una Shangri-La personificada que luce los dobladillos de su kimono de varias capas brillando como el neón, seduciendo las almas de los mortales mientras una sonrisa lasciva se dibuja en sus labios.
La voluntad, el corazón y el intelecto de Midas se pudrían colectivamente aquí y allá en charcos estancados, controlados por una oscuridad de la que nadie se podía librar.

Por todos estos motivos Midas era llamado el Distrito del Placer. La infame ciudad era un satélite urbano de la metrópolis principal de Tanagura, propiamente gobernada por Lambda 3000, la gigantesca supercomputadora conocida como “Júpiter”. Sus recintos virtuales estaban dotados de todos los entretenimientos imaginables, en respuesta a los deseos y necesidades de los seres mortales. Se podían encontrar casinos, bares, burdeles, y todo lo que la industria del entretenimiento pudiera ofrecer.
Midas era un lugar sin límites, la moral y los tabúes no existían. Solo la noche llena de suspicacia y lascivas ostentaciones. Aquí, las horas se malgastaban entre el brillo y el bullicio hasta el ocaso.

Pero tras esta deslumbrante apariencia externa, se escondía otra más repulsiva: la grotesca faceta de Midas que proporcionaba un interminable banquete de placeres donde los bajos instintos se expresaban sin tapujos dejando los deseos humanos al desnudo.
Promiscuidad desatada, seductoras luces entre la oscuridad, y a los pies de esta enormidad, fosforescentes trampas para insectos, y las multitudes con toda su indolencia rodeadas por una brisa templada. El aire de Midas se enredaba entre las lánguidas extremidades de los hombres siendo más que nada como un afrodisiaco, que nubla la razón e inclina la mente y el corazón hacia el vicio.

Sin embargo, más allá en la distancia pasando los anillos concéntricos que formaban el centro de Midas (Área 1 (Lhassa) y Área 2 (Flare)) estas embriagadoras sensaciones se desvanecían, en el momento que eran tocadas por el frío aire nocturno que las disipaba, el paisaje urbano cambiaba completamente.
Los suburbios de Midas. El área Autónoma Especial 9, Ceres. La repudiada “Entrepierna de Midas”. Los barrios bajos. Incluso los propietarios del Distrito del Placer fruncían el ceño en señal de disgusto y nunca mencionaban esa área.
Llegar ahí no era difícil, altos muros lo separaban de las áreas adyacentes, pero no había lasers que previnieran intrusiones o violaciones. Sin embargo, las avenidas que separaban esto y aquello revelaban un brusco cambio en el escenario obvio para cualquiera que no estuviera ciego.
No se veía el menor rastro de presencia humana en las derruidas y sucias calles. Ni que decir que ese mar de coloridas y llamativas luces de neón de las noches de Midas era como un mundo lejano, y un resplandor crepuscular iluminaba las viejas paredes de los edificios con un sucio halo marrón.

Resultaba una extraña y disuelta apariencia que mostraba el indiferente paso del tiempo reflejándose a sí mismo, en una deformada fusión del pasado y un futuro que iba hacia una dirección incierta.
Aquel entusiasmo inagotable que emergía del Distrito del Placer, así como las voces coquetas inundadas de adulación, esparcidas por el viento; no llegaban a este páramo, exceptuando los restos de confusos, ominosos y terribles colores.
Ceres era hogar de noches fangosas, el suelo que quedó tras el polvo de aquella época. Cualquier iniciativa de limpiar estas humeantes defecaciones hace ya mucho tiempo que se perdió por completo. Y toda capacidad de reforma y purificación que pudiera resucitar esta comunidad como una autentica comunidad, murió hace mucho.

El único sonido que llegaba a los oídos de los habitantes en ocasiones eran profundos sentimientos de resentimiento contenido y depravados suspiros, sembrando el hedor de la putrefacción y la muerte día y noche. Nada podía prosperar en este terreno envenenado, ni la gente ni una ciudad. Creciendo acostumbrados a la constante llovizna de desprecio, los sueños de los hombres se deterioraron y murieron en las barriadas.
Para los ciudadanos de Ceres la gran metrópolis de Tanagura (donde todo debía de estar impoluto hasta el fin de los tiempos) estaba muy, muy lejos en la distancia. Un mundo inimaginablemente distinto. Aquí no se les permitía siquiera besar los pies de Midas, ese vanaglorioso déspota de la noche.
Vivían en Ceres con la dolorosa realidad del presente y los fantasmas de los sueños de un desastroso pasado. Nadie les había prometido un jardín de rosas.

Aquel día las cargadas nubes grises se movían a través del cielo con una imprevista rapidez. El clima se había estado reteniendo durante la mañana, empeorando al dar paso a la tarde. Pasados diez minutos, un repentino aguacero se convirtió en una violenta tormenta eléctrica.
La ruidosa lluvia caía incesantemente en la superficie terrestre como si los barrios bajos se golpearan a sí mismos. Los desagües en las calles llenas de basura estaban obstruidos y desbordados. Sin tener a donde ir, el agua creció convertida en un arrasador río que empapaba todo a su paso.

Entonces llegó la noche.

Después de haber sembrado el caos la tormenta se retiró dejando ver un cielo repleto de estrellas. En esta noche solitaria de leve oscuridad todo estaba extrañamente fresco y claro.
Solo el ambiente de la noche se mostraba fresco, pues aprovechando el chaparrón de la tarde, los jóvenes de los barrios bajos que mientras permanecieron resguardados en sus casuchas, ahora estaban ocupados ventilando el calor almacenado ahí dentro.
Los colegas se sirvieron bebidas alcohólicas y se apresuraron a lanzarse en sus incitaciones sexuales más allá de la ayuda de las drogas. No había nada inusual para los pandilleros que merodeaban el estrecho territorio, golpeando cabezas y causando problemas.

El balance de poder en el Área 9 había ido cambiando por temporadas. Podría decirse que, tomando como ejemplo una explicación botánica, nuevas especies de malas hierbas crecerán con la primavera tras la lluvia. Sin embargo la mayoría de ellos tenían tan poco interés y fiereza que incluso los cotilleos sobre golpes de estado y rivalidades internas raramente eran tomados en serio. Estos conflictos entre bandas difícilmente llegaban a convertirse en auténticas “rivalidades entre señores de la guerra”.
El lugar estaba hasta arriba de pícaros y brutos fortachones, pero ninguno tenía una personalidad lo bastante fuerte para dirigirlos en una misma dirección e iniciar una conquista.

Aunque, a pesar de esto, no se podía negar que se sucedía toda una guerra de malas hiervas, cuya violencia era la principal culpable del deterioro del orden público en los barrios bajos.
Recientemente, la lucha por la supremacía en el Área 9 se hallaba entre los Jeerks (una nueva variedad de “super niños”), y los Mad Dog Maddox, luchando por conservar el poder perdido en su base. Cabe decir que esto constituía una batalla entre los viejos y los nuevos regímenes, y mientras esto sucedía, poderosos grupos de adolescentes se colaban tras de ellos en las sombras, esperando el momento idóneo para atacar.

Fue de esta manera que, desde hace casi cuatro años, en lugar de poner su propia vida y credibilidad en línea y simplemente tomar lo que querían para sí mismos, fue la aleatorización después de las luchas (la garantía de moderación mutua a través de la cobardía mutua) que tenían lo que se convirtió en una práctica común.
Tiempo atrás, Bison dominaba el Área 9 en la zona de fuego libre, también conocidos como “Hot Crack”. Pero cuando estaban en la cima de su reinado se disolvieron repentinamente, y no se decidió ningún sucesor.
Ahora todo quedó entre los Jeeks y los Maddox.
“-Tan solo queda dar el golpe de gracia-“alardeaban los bocazas. Pero dejando eso a un lado, había un elemento decisivo que escaseaba: la fuerza de voluntad que atraía seguidores y multiplicaba el poder colectivo de la fuerza individual de cada miembro.

Los barrios bajos solo conocieron un hombre que poseía ese extraordinario carisma. El chico dejó el centro de crianza Guardian a la edad de trece años sin ninguna posición especial ni privilegios, y aún así en un tiempo sorprendentemente corto se hizo notar en las barriadas.
No fue por tener una apariencia llamativa, ni tampoco se ganaba el favor de otros innecesariamente, ni se apresuró a arrodillarse, ni era fácil ganarse su confianza. Todos los que le conocieron decían que era por la naturaleza superior de su personalidad que contrastaba con sus cortos trece años.
“-Es un Varja humano-” decían “-sin contemplaciones para nadie-“
Todos los residentes de Midas conocían a la mítica bestia Varja, también conocida como Ragon, dios demoniaco del inframundo, o Grendel, el destructor de almas.
Una bestia depredadora que podía destrozar una extremidad completamente con un solo mordisco de su mandíbula metálica con aserrados colmillos. Una altiva quimera alzando el vuelo con sus cuatro alas a la espalda, cubierta de un brillante y cautivador pelaje negro azabache.

Por un lado el chico era comparado con Varja por su cabello negro azabache y sus ojos obsidianos, algo que lo hacía único incluso en los barrios bajos que le despreciaban por ser un mestizo y de sangre impura.
Por otro lado, no se ponía en duda su calculadora ferocidad que nunca pudiera haberse imaginado viniendo de esa delicada apariencia. Si “la supervivencia del más fuerte” era la ley de la jungla, entonces el que los débiles buscaran el patrocinio de los fuertes para estar cerca de ellos era un capricho particular de la conducta humana.
De cualquier modo, él no prestaba atención a estos perros falderos sin propósito que buscaban sus favores haciéndole la pelota. Y dejaba bien claro, que él no exigía nada a cambio de un favor. Esto se debía a que tenía siempre a su lado un “pairing partner”, alguien de quien se podría decir que era su “media naranja”. No se exageraba al decir que este solo tenía ojos para aquel muchacho.



Teniendo en cuenta que las personas maduran con los años por las experiencias acumuladas a lo largo de su vida, esto da lugar a personas mejores sin importar la edad o el género. Cada movimiento que realizó fue estudiado con un casi descarado interés y curiosidad, y a demás, él puso toda su atención a este interés casi descarado en el curso del día a día de su vida.
Sin embargo no mostraba una restricción despiadada, y con su mano desviaba modestamente el brillo que se prendía alrededor de su persona. Aún así, ese círculo de personas encantadas por su carisma continuaba expandiéndose, y con él comandando las tropas, simplemente era lógico que Bison fuera repentinamente elevado a la prominencia.

Pero entonces aquel día, como una estrella cayendo del cielo azul, Bison se desintegró en el aire. Los barrios vieron incrédulos lo sucedido, sin palabras para describir su asombro. Se acabó, así sin más.
No había vuelta de hoja. Se extendió la noticia de que Riki se había retirado de Bison.
¿Por qué? ¿Cuáles eran los motivos?

Un extraordinario shock recorrió las barriadas, acompañado por una ráfaga de obscenidades y exagerados rumores disfrazados de conjeturas. La verdad sobre la disolución de Bison permaneció envuelta en el misterio.
Solo él podía liderarlos. En cualquier caso fuera cual fuera la verdad sobre la desaparición de los Bison, Riki era como su centro gravitatorio y simplemente dejó de serlo. Así que Bison fue directo a la extinción, dejando tan solo una destacable leyenda urbana acerca de ellos que hoy seguía viva.

Habían pasado cuatro años desde que eso sucedió.

Los miembros originales de Bison continuaron juntos y se restablecieron a su manera (aunque sería difícil decir que habían hecho un buen trabajo), y sus vecinos se pusieron inquietos.
Naturalmente, durante estos cuatro años un buen número de aspirantes habían tratado de ganar prestigio por encima de ellos e imponer la imagen de sus propios grupos. Puede que Bison se hubiera disuelto, pero se seguía sintiendo la fuerza de su presencia, y muchachos de miradas ilusionadas por lograr aunque sea un poco de esa gloriosa presencia expresaron sus transparentes tentativas para ganárselo.
Mientras que hubo quienes tanto en público como en privado se proclamaron a sí mismos restos de lo que Bison fue, el antiguo compañero de Riki y el resto de los veteranos de Bison resistieron la tentación, por muy solícitas que se hubieran vuelto las adulaciones. Después de probar la emoción de estar hombro a hombro con Riki y formar parte de su grupo, nada podía ocupar su lugar.

Del mismo modo que el agua se pone turbia, las cualidades de un conflicto cambian con el tiempo. Aquellos que no puedan manejar la marea creciente de esta época están destinados a sucumbir y besar el culo de alguien más.
Visto desde esa perspectiva, la elección de los miembros formados de Bison era unánime. Su gloria pasada había sido cruelmente reducida a escombros. Evadiendo la humillación de convertirse en los perros de alguien más al menos podrían ser considerados como un prodigio.

Y sin embargo, ahora surgieron quienes celebraron su presencia con puro desprecio. Aferrándose a la extrema derecha estaban los Jeeks y Maddox. No importaba lo mucho que extendieran su poder e influencia en los barrios bajos, otros grupos les daban un trato frío.
“-¡Ellos no son nada comparado con Bison!-“
“-¡Poseros! ¡No son más que farsantes!”-
Les ignoraban y sacaban comparaciones con Bison… siempre era lo mismo una repugnante e insolente reacción.
¡Bison! ¡Bison! ¡Bison!
Sin lugar a dudas, aquellos que se veían a sí mismos como las dos grandes potencias de las barriadas estaban hartos de oír ese nombre. Ellos no encontraban orgullo en hacer frente a las pretensiones de una leyenda que ahora eran solo la sombra de lo que una vez fueron. Y fue por esto que prometieron ahora y por siempre que desbaratarían los podridos restos de los nombrados “Bison” y todo lo asociado con ellos.


Las dos lunas orbitando nunca habían sido tan hermosas, tiñendo el cielo nocturno con un calmado resplandor.

-Haa…haa…haa…-
Jadeando, Kirie apretó la cara contra una pared derruida de un callejón vacío y dio un suspiro largo y duro. Él había salido de su habitación para llegar al lugar de reunión habitual, con la intención de encontrarse con sus compañeros. Entonces ¿Qué demonios estaba pasando?
¡Hijos de puta! Montón de basura infame…
Un ataque por sorpresa se le vino encima de la nada. De algún modo pudo esquivar el primer golpe, y tras eso se apartó corriendo como loco, tratando de despistar a sus persecutores. Ahora, no tenía la más mínima idea de donde estaba.
¡Mieda!
Su corazón palpitaba tan fuerte como un tambor y el sudor se desprendía a chorros por su piel. Lo único que escapaba de su boca eran las exclamaciones ahogadas de rabia.
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda!
Maldecir era lo único que podía hacer en su actual estado mental. Kirie se limpió el sudor de la frente maldiciendo por lo bajo. Fue cuando, mientras observaba a su alrededor, vio que una pequeña llama apareció inesperadamente en la oscuridad a lo lejos.
Agachó la cabeza instintivamente, sorprendido. Entonces, echó una rápida mirada por encima de la pared y con poca iluminación observó que había alguien sentado sobre los escombros de un edificio destruido enfrente de él. El corroído callejón estaba sumido en las sombras de la noche, levemente iluminado solo por la precaria luz azul de las dos lunas desplazándose sobre ellos.
El punto de luz roja era probablemente de un cigarrillo. ¿En qué demonios estaba pensando este tío fumando en un sitio como este? Elevó sus cejas haciéndose esta pregunta, el sonido de pasos aproximándose hizo eco en el callejón.
-¿Está ahí?-
-Nop. Parece que se ha ido-
-Te dije que no teníamos que haber dado esos putos rodeos, debimos ir directos a por él-
-¿Qué demonios dices? Ese pequeño bastardo era rápido-

El alto registro de sus voces indicaba que eran muchachos tan jóvenes que sus voces aún no habían cambiado. Las oscuras siluetas fanfarroneaban y protestaban con irritación.

-¿Qué vamos a hacer ahora? Nos vio-
La atmósfera a su alrededor estaba cargada de miedo y odio.

Sobrepasaban en número a Kirie, si era descubierto aquí, serían uno contra diez y raro sería salir de ese enfrentamiento sin daños considerables. Consciente de esta innegable realidad, se refugió aún más en la oscuridad, preocupándose de contener la respiración.
-¡Hey vamos! Prendimos puro fuego tras su culo, eso debería ser suficiente escarmiento ¿huh? No volveremos a perder tiempo intentando adivinar. Le sacaremos toda la mierda.-

Kirie cerró los puños y apretó los dientes sintiendo punzadas en el pecho por esas declaraciones. Malditos mocosos. El mismo Kirie tenía trece años y era un niño con casa particular, pero decían por las calles que los miembros de la pandilla de los Jeeks eran todos adolescentes de menos de quince años. En otras palabras, eran niños sin temores aún empezando a adaptarse a las diferencias entre el centro de acogida y la vida en los barrios bajos.

Por estas mismas razones, Bison en su apogeo había sido aún más precoz y extremo que los Jeeks. A la edad de trece años, les gustase o no, los niños de Bison estaban ya fuera de Guardian. Dejados a su suerte, no tuvieron más remedio que apañárselas por sí mismos, juntos y rápido.
Por esa misma razón los miembros supervivientes de la pandilla se convirtieron en un constante dolor de culo para los Jeeks. Nunca dejaban pasar la oportunidad de faltar al respeto a los revividos Bison como una tenue imitación de su propia agrupación, porque a lo largo de la existencia de los Bison, todo lo que los Jeeks hacían sería comparado con esos “dioses paganos”.
Que Riki no fuera un ídolo caído solo empeoraba las cosas. Plagado de intactas victorias consecutivas se convirtió en un fantasma con referencias y curriculum vitae.

Pero independientemente de lo que había sido entonces, simplemente pasar estos días con Bison significó una puñalada en la espalda en un callejón oscuro, y Kirie se estaba hartando de su situación actual. De todos modos, sabía que inventar excusas poco convincentes sobre el apuro en que se metió solo le metería en más apuros.
Los niños que se aliaron con los Jeeks no se rendirían fácilmente hasta que arrancaran de raíz a alguien asociado con los Bison.
Uno de los impulsivos niños de los Jeeks notó finalmente la luz del cigarrillo de aquel tipo sentado en lo alto del montón de escombros –Ey ¡Hijoputa! ¿Qué haces ahí?-

La insolencia y arrogancia con que el niño hizo esa pregunta era una manifestación de su irritación por haber dejado escapar a su reciente presa. Pero la respuesta que recibió no fue la esperada.
-Este no es lugar para que los niños merodeen a estas horas de la noche. Que os den, largaos en seguida a vuestras casas-

El tipo respondió con un inesperado tono de voz autoritario, y tras ese juguetón tono se podía notar que estaba siendo especialmente borde con estos niños sin miedo. Kirie se encontró gruñendo en voz baja. –Qué clase de idiota es este tío-
Él sabía que los muchachos que tenía frente a él andaban con los Jeeks. Si este tipo estaba buscando pelea con ellos, debía tener los pantalones bien puestos como para atreverse a hablarles de tal forma. Si no, era el mayor idiota del planeta.

-Si supieras con quien estás hablando, viejo, te lo pensarías dos veces antes de abrir esa bocaza que tienes -. El niño siguió adelante, tratando de salvar su mancillado honor como miembro de la pandilla de los Jeeks –Si no, nos encantará darte una lección. Trata de no mearte encima-.

Obviamente con esa falta de respeto, el niño iba a recibir multiplicado por dos lo que había dicho –Es demasiado tarde para ir a llorarle a tu mamá-.

Ahora ellos estaban decididos a ir a por él, buscando desahogarse, y ese tipo debía de ser el objetivo perfecto –Si, claro. Estás hablando con la banda de Jeeks-.

-¿Jeeks? – el hombre replicó con una falta de ánimo que rayaba en la decepción–Perdón, no lo conozco. ¿Él es quien os cambia los pañales cada noche entonces?-.

Incluso siendo un simple sarcasmo, la manera en que hablaba sugería que esta era claramente otra mala broma, y Kirie no pudo hacer otra cosa que mirarle boquiabierto. Debe de estar mal de la cabeza, pensó, las palabras casi se le escaparon en una bocanada de incredulidad.
-¿No la conoces? ¿No conoces la banda de los Jeeks? ¿Qué clase de estúpido eres?-.
-Está bien. Si no sabe quiénes somos se lo enseñaremos-.
-Ahí le has dado. Le daremos la paliza de su puta vida-.

Los muchachos estaban ya muy cabreados.
Y entonces el tipo habló otra vez –Crees que conoces los barrios bajos. Esto es nuevo- se estaba tomando las cosas a su propio ritmo, hasta el final.
-Ven aquí abajo, viejo. Vamos a ponerte un tapón en esa boca tuya y abrirte de un tajo una nueva-.
-Vale, vale. Vamos a jugar entonces. Que pérdida de tiempo-.
El tipo descendió del montón de escombros.

Un cuchillo laser rasgó la oscuridad. En lugar de echarse atrás en estado de pánico, el tipo se hizo a un lado ágilmente, agarró rápidamente al muchacho del brazo y le dio en respuesta un sólido golpe. Entonces, agarrando al niño sin cuidado, dio sin piedad contra su cuerpo una patada giratoria.
Se sentía una extraña sombra alrededor de ellos. No podía ser. Puro asombro. ¡Joder, no era posible! Debían de estar soñando.
Esto no era cuestión de una simple diferencia de constitución física. Esa clase de precisos movimientos y ataques les pillaron a todos por sorpresa. Se tambalearon hacía atrás boquiabiertos. El estilo de los “Jeeks” era perseguir y acorralar a su presa, y entonces juntos golpeaban en su punto más débil. Ellos no perdían el tiempo, compensaban su deficiencia física con su número y causaban el daño, y ahora ahí estaba uno suplicando por piedad, lloriqueando como un bebé, alejándose a rastras hacia una ruina deforme, sin dejar de suplicar.
Así pues este plan de juego tan bien practicado había sido fácilmente invertido por un solo individuo…

Envuelto en la oscuridad, Kirie murmuró para sí mismo –Hostia puta-
-Ojo por ojo, esa es la ley de los barrios bajos. Y de paso, lo mismo va para el músculo y el hueso -. El tipo caminó despreocupadamente hacia la luz de una sucia farola, como saliendo de las alas de la oscuridad convirtiéndose en el punto de mira.
- Como sea me da lo mismo. Si piensas huir, ahora es el momento -. Dobló ligeramente las esquinas de su boca. -De lo contrario ¿qué te parece si vamos a ello hasta que estés moqueando sangre? -preguntó, riéndose con despreocupación.


Viernes noche.

Un inusual arco iris lunar formaba un arco a través del cielo de la abismal oscuridad, todavía era de noche. En una habitación de un edificio destartalado que se utilizaba como guarida y cuartel general, los miembros ahora legendarios de Bison pasaban ociosamente las largas y tediosas horas.

Hace mucho tiempo, estos rufianes se habían hecho notar, dominando salvajemente los barrios bajos, volviéndolo todo del revés. Pero por ahora, tan solo se habían reformado, ya no sacaban al descubierto los dientes y las garras ante cada provocación. O por lo menos así era como la gente los percibía ahora.
La tasa de empleo era lamentable para los niños que se pasaban día y noche enfrentándose entre bandas rivales, dejando a los barrios bajos con escasez crónica de mano de obra. Dejando de lado la calidad real de los puestos de trabajo, llevar comida a la mesa como "gente normal" no era un problema.
Por supuesto, como habitantes de estos tugurios no tenían idea de lo que "la gente normal" esperaba en términos de nivel de vida.
Incluso sin sueños o deseos, trabajando bajo el peso de la impotencia y la indignación, los seres humanos tenían que comer. El hambre constituía la base de la jerarquía de las necesidades del hombre. Nadie en los barrios bajos deseaba servicio de comidas y cenas de alto nivel, pero ninguno quería tampoco desfallecer de hambre y morir como un perro.
La comida no se distribuía igualitariamente, sino más bien según la dureza del trabajo, y sólo cuando llegaban a los treinta años, cuando los altos espíritus de los jóvenes habían madurado, era que llegaban a enfrentarse a esta dolorosa realidad. A pesar de que este ajuste de cuentas, sin duda, les llegaba más rápido de lo que se esperaba.

Al pasar alrededor de una botella de "tripper", una cerveza negra fuerte y alucinante, Kirie se detuvo y habló, como si una idea se le hubiera ocurrido de repente -¿Os habéis enterado? Hay un mercado abierto en Mistral -.
-¿Un mercado?- inquirió Sid, con una notable sorpresa en su mirada -¿Te refieres a una Subasta de Mascotas?
Kirie asintió secamente –Eso mismo, esta vez son Pets Manufacturados de Academia. Están como locos de la emoción, incluso los nuevos ricos de Kahn y Regina. Se rumorea que los precios de las ofertas estarán diez veces por encima de lo habitual -.
¿En dónde narices había escuchado eso? Todos se imaginaban a sí mismos como unos cabrones callejeros que todo lo sabían pero Kirie era siempre el primero en enterarse de todo.
-Pedigrís de sangre pura ¿eh? - dijo Guy para sí mismo.
-No tiene nada que ver con nosotros – replicó Luke.
-No nos comparo con esos Pets Manufacturados de la Academia ni nada, pero teniendo en cuenta el tiempo y dinero, además de un poco de saliva y esmalte, no estaría nada mal tampoco. Dejando de lado nuestro pequeño problema de actitud ¿Eh, Riki? -.
Kirie posó su mirada bicolor sobre Riki y rió, tenía un ojo gris y otro azul. Como expresando su escaso interés en este sujeto, Riki tomó un trago de cerveza negra. Esta actitud ante sus palabras hizo a Kirie fruncir el ceño. Después de todo, el ser ignorado en frente de todos era más irritante que recibir una respuesta de desacuerdo.

Aun cuando Bison le dejó nuevamente de lado como un mero intruso precoz, nunca lo habían ignorado como lo hizo Riki. El comportamiento de Riki hacia él se sentía como una bofetada en la cara.
Será hijo de…

Apretando los dientes posteriores, Kirie recordó la Noche que Guy había traído inesperadamente a Riki aquí, su lugar de reunión habitual. Todos estaban demasiado sorprendidos para decir nada durante un largo segundo o dos y, acto seguido, todo el mundo estaba repitiendo su nombre con un cálido tono de voz y este se extendió de manera extraña.
“-¡Riki…!-“
“-¿Riki?-“
“-¿Han dicho Riki? ¿En serio?-“
Kirie lo conocía. Allí, delante de sus ojos estaba ese pelo negro y esos ojos que recordaban a una auténtica manufacturación de calidad de la Academia. Este era el hombre al que una vez llamaron "el carisma" de los barrios bajos.
Kirie apenas podía recordar esa sensación indescriptible, casi embriagadora que lo había superado, y fue todo por culpa de aquella noche hace tres días. Se quedó grabado en su mirada, como por pura casualidad o el ineludible destino, el hombre que había liderado Bison era el mismo que desafió a los niños llamados Jeeks por su líder (los mismos Jeeks que se nombraban los exterminadores de Bison) y posteriormente pateó sus traseros.
“Irónico” tendría que llamar a eso. No un regalo del cielo.

Ver a esta leyenda viviente por segunda vez, esta leyenda con la que nunca creyó volver a encontrarse, causaba una emoción en Kirie que le llegaba hasta la médula de su ser de una manera diferente que los otros miembros de Bison.
Pero él no había hecho nada como para ser tratado así esa noche en frente de todos. Entonces, ¿Por qué Riki se mostraba frío sólo con él? ¿Era porque, entre los miembros de la banda, Kirie era el único rostro nuevo para Riki? Tal vez a esta leyenda le resultaba incómodo entablar una conversación demasiado familiar en su primera reunión.
Pero incluso habiendo tomado en cuenta estos factores, Kirie no estaba conforme. Como resultado, él se giró sobre sus talones y se retiró de la charla también. No lo entendía, sin embargo. Quizás le había caído mal a Riki, había tenido esa sensación desde la primera vez que se vieron. O tal vez alguien le susurró algo al oído. Nadie le había dicho nada a la cara directamente.
La severidad de la mirada que Riki le dedicó le superaba, no dejaba lugar a otra impresión.
Un comentario sarcástico o mordaz habría sido mejor recibido, porque de ser así, hubiera podido contestarle.

A parte de eso. Kirie estaba siendo completamente rechazado, lo que encontró realmente deprimente. Entrecerró los ojos con ira. Al parecer, ciego a todo esto, Riki no hizo ningún intento de suavizar la tensión mientras miraba a lo lejos. Kirie frunció el ceño mientras consideraba alguna réplica cortante, estaba de lo más cabreado.

Justo entonces, como habiendo esperado el momento oportuno, Guy habló con un tono bajo de voz -¿Qué pasa contigo Kirie? ¿Quieres tu propio collar personalizado? -.
Kirie ligeramente chasqueó la lengua por la oportunidad perdida. Tomó aire para contener sus sentimientos y respondió con una risa forzada -Sí, claro. Si obtuviera a un propietario que pueda mantenerme suministrado con esta fuerte cerveza dublinesa le lamería las suelas de los pies -.
Ese comentario por alguna razón sacó de sus casillas a Riki. Su expresión indiferente de repente se volvió tan fría que Kirie inconscientemente apretó los puños y se estremeció. Por razones que no podía entender, la mirada de acero de Riki le heló la sangre. Sintiendo el peso del desagrado de Riki, su frustración reprimida ardió en llamas.
¡Qué le pasa a este hijo de puta!

Kirie se quedó paralizado por esa fría mirada, en silencio, simplemente perdió su voz a pesar de su asfixiante sensación de indignación. Todo lo que quedaba era un desprecio personal hacia su propia torpeza, y por esto sentía arder sus entrañas.
En ese momento, sentado a su derecha, Luke habló con una cierta sonrisa formándose en sus labios - Hey, despierta, maldito idiota. ¿No estás pensando en serio en convertirse en un pet mestizo de barrio, verdad? –

Nadie se rió. Porque aquella era la pura verdad, ninguno bromeaba ni hacía comentarios sarcásticos sobre eso. En un evidente esfuerzo por disipar esa desagradable atmósfera, Norris interrumpió en un tono molesto de voz. - Al diablo con eso. ¿Qué pasa con los Jeeks y sus pequeños bobalicones? -.
-Sí, sí. No tengo ni idea de por qué, pero últimamente en verdad nos han estado jodiendo bastante -.
-Pero escuché que el otro día se encontraron con un muchacho que los hizo mierda – hablando de ello como un rumor, Kirie relató la información casualmente mientras robaba una mirada a Riki.
Riki no reaccionó en absoluto.
-Bueno, eso sería un regalo del cielo. En cualquier caso, hay que aprovechar la oportunidad de patear algunos traseros. Para empezar, me conformaría con lo que hay por aquí -.

Sin ninguna indicación de si estaba escuchando o no, Riki bajó la mirada y tomó el último trago de su botella de cerveza negra. El alcohol tocó su boca con una amargura particular que apuñaló su lengua, pero esta vez la sensación de ese roce golpeó a Riki de una manera que era diferente de lo habitual. Esta vez era vicioso, pesado y oscuro, de una manera que era difícil de describir.
Debe ser solo mi imaginación.
Riki lentamente tragó la cerveza negra mientras ese pensamiento volvía a su mente. Cuando se trataba de calentar el pecho, era mejor drogarse un poco con esa suave esencia en la lengua, esto era lo mejor que podía esperar por aquí.
Entre los combates de la guerra de las bandas, había dado un paso atrás y creado una distancia entre él y los vigilados niños de ojos salvajes que merodeaban el Distrito del placer por las sensaciones y los beneficios. Pero eso no quería decir que había abandonado "la causa" y se había ido a ganar su pan de cada día con el sudor de su frente.
Cada año eran más los jóvenes cuya sangre se vertía en la Área 9, que eran los barrios pobres, corriendo como arterias a través del corazón de Ceres, que ya se había endurecido, y ninguno de ellos tenía la fuerza de voluntad para abrir su pecho y drenar la infección de sus órganos vitales.
Sin un hombre rico y generoso no había nadie a quien mendigar el dinero. Estas pobres gentes, que eran apenas capaces de extraer cualquier tipo de disfrute de su propia juventud, encontraron que la cerveza de lujo alucinógena, no era más que un sueño.
Un sueño. Incluso la cerveza negra que estaban trabajando en este momento. Tres días antes, Luke se había encontrado con un almacén de supuesta "clase alta" en alguna parte, pero eso no quería decir que había muestras de la mercancía para determinar primero su verdadero valor. La cerveza negra fue elaborada como un estimulante sin etiqueta. Era luz de luna.
Tomar un trago en lugar de tener en cuenta eso era un asunto arriesgado. Si la suerte de un chico corría en su contra, las consecuencias estarían muy lejos de un mero "mal viaje": después de un buen rato de agitarse y retorcerse de dolor, el resultado final sería la muerte por asfixia.
Eso explicaba la mala reputación de la cerveza negra entre los estupefacientes a base de alcaloide, y sin duda era la razón de que lo peor de la marca se adecuara así de bien a las barriadas.
Sin embargo, una vez que un hombre quedaba completamente perdido, tras un viaje sin cabinas de peaje y fuera de la pista. Se sentaba allí en una euforia fantasmal, con los labios tomando la forma simple de sus palabras, y el aliento escapando de sus labios tensos que suenan como roca triturada bajo los pies.
La cerveza negra pesaba sobre los hombros de los niños pobres que no tenían otro medio para desahogar su frustración. A pesar de hablar de la verdad al poder, sus almas se mantenían insaciables. Y siempre, estaba el problema de ser ligeramente dejados de lado, resumido en una frase simple: “Simplemente así es este maldito mundo”.
La cerveza negra les liberaba, aunque temporalmente, de aquella existencia. Nadie les dijo ni una palabra de que no deberían tomar fármacos sin garantía de calidad simplemente porque “podría ser peligroso”.

La conversación se iba agotando, los silencios vacíos que siguieron lentamente comenzaron a aumentar el espacio entre ellos.
En ese momento, algunos sentían un zumbido bajo sus cabezas, Luke se espabiló y volvió sus ojos vidriosos hacia Riki -¿Qué te pasa hombre? Sin levantar el culo de tu asiento, poniendo esa cara molesta de mierda. Lo digo en serio, te ves patético -.
La mirada de Luke parecía algo acechadora mientras su vista se deslizaba sobre el cuerpo de Riki como la lengua de un gato acicalándose.
-No me digas que te has convertido en un viejo chocho contando las mismas historias de guerra todo el día, o algo así-.
Siempre había sido así. Había crudeza de su voz y tenía una mirada capaz de poner los pelos de punta. Riki atribuyó eso a la cerveza que comenzaba a surtir efecto y no le prestó atención.

Su corazón latía lentamente al compás del tiempo, la virilidad volviendo gradualmente por fin fluía con fuerza de nuevo en sus extremidades con un ritmo extraño, ondeante. Sentado en el sofá de una manera relajada, Riki estiró los brazos y las piernas, y respiró hondo.
Cerró los ojos. No veía nada, no oía nada. Solo sentía los débiles indicios de algo parecido al sueño. Su cuerpo y su alma quedaron encantados por esas sensaciones fascinantes, y quedó gratificantemente seducido con cada respiración.
Se hizo la oscuridad dentro de sus ojos. Como un caleidoscopio de colores que atrapó su visión, Riki perdido absolutamente el interés en todo, tan solo sumido en el agradable entumecimiento que lo inhundaba.
Y entonces Guy, mirando por encima del hombro a Riki, parecía acoger una tenue sonrisa formándose en su rostro junto a una mirada que llevaba tres años perdida, y bajó la vista.

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Eythan - Thany el Lun Mayo 13, 2013 12:18 pm

ASdasdasd mi esperar la actualizacion >< Realmente esta muy bien traducido, felicidades!

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Silvan Arcaniu el Lun Mayo 13, 2013 9:41 pm

Muchas gracias.

Yukeri no Fansub ya está terminado y hoy mismo se anunció lo siguiente ^^:
-Pedimos perdón por el retraso con Ai no Kusabi, desde ahora subiremos un capítulo cada semana o cada dos semanas dependiendo de lo ocupadas que estemos

Si deseas descargarte los caps, están las descargas disponibles en el livejournal de Yukeri n.n

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Helen el Sáb Mayo 18, 2013 9:29 am

Felicidades se que estan hace tiempo pero no habia podidoleerlas jejeje que genial !!
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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Kira Alpha Dinash el Vie Mayo 31, 2013 1:14 pm

Yo no quiero molestar pero no me deja leerlo :S saben de que puede ser? gracias por la ayuda D8 quiero leer!!

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Riki The Dark el Vie Mayo 31, 2013 3:51 pm

Puede ser por que el spoiler es blanco y la letra tambien blanca, yo lo lei seleccionando el texto, sino no lo veía... ahi lo edito para que la letra quede en negro, avisame si puedes! sino no se que puede ser

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Calisto Dermaur el Vie Mayo 31, 2013 5:39 pm

Perdón culpa mía, desde ahora pondré las letras negras owo el siguiente fin de semana subo por fin el siguiente cap. En Junio terminaré el primer tomo y a seguir con el segundo.

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Silvan Arcaniu el Dom Jun 09, 2013 12:53 pm

El retorno de Yukeri no Fansub, espero que no esté mal si doy acceso a su último post pues el staff por fin reapareció con información:

Código:
http://yukeri-fs.livejournal.com/7919.html

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Kira Alpha Dinash el Lun Jul 22, 2013 6:56 pm

diooosss necesito leer más T.T

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Silvan Arcaniu el Mar Jul 23, 2013 5:42 am

De verdad siento el retraso ^^;; he estado con problemas de salud y así no podía concentrarme, pero recientemente he vuelto a la traducción y pronto actualizaré.

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Calisto Dermaur el Miér Ago 07, 2013 7:31 pm

El capítulo 3 está casi listo y mañana sin falta será por fin publicado, esperamos agilizar las actualizaciones desde ahora y como regalo de disculpa esperamos que les guste este amv: https://www.youtube.com/watch?v=p3Kjr8ov8bY

Gracias por su paciencia queridos lectores n.n

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Silvan Arcaniu el Jue Ago 08, 2013 9:08 pm

Capítulo 3



Spoiler:



Los barrios bajos son un monstruo que debora el alma de la juventud y escupe el cartílago.



Alguien lo tenía que decir en algún momento, todos los residentes del Area 9 sabían por experiencia propia que esta era la pura verdad. Sin embargo los que intentaron dejar las barriadas se encontraron con un profundo desprecio, y la envidia más mordaz que cualquier hombre se pueda imaginar.

 

Una vida de pobredumbre, vagabundos envejeciendo... porque no podían hacer más que envejecer... sin tener sueños que realizar. Esto no era necesariamente bueno o malo. El día a día de su realidad que era su única herencia era peor que comer arena.

Sin embargo, vierten sobre sí mismos un abuso calumnioso intentando destruir esa dolorosa realidad, una reacción que debora sus almas sin piedad. Este era el dilema.

Un hombre no puede volar sin sueños, pero un hombre que jamás ha volado no conoce el miedo a caer. Toda esperanza de progreso fue abandonada. Aunque esta verdad no se le ocultaba a nadie, esta gente cortó sus alas y las tiró a la basura, diciendo que si no lo hacen, seguramente morirían.

 

La realidad que levantaba los "muros" de los barrios bajos era así de densa, la más negra oscuridad.

 

Como consecuencia, aquellos que se atrevieron a desafiar esos muros, aún sabiendo que serían derribados, fueron llamados burlonamente "marcianos", en referencia al dios romano de la guerra. Sumergiéndose a sí mismos en la corrupción de la rabia y la autocompasión. Quienes se escondían tras estas palabras, sabían que los propósitos de esos "marcianos" nunca encajarían.

El propio Riki había dicho la misma cosa una y otra vez, como la frase que diría un pet. Solo expresó sus verdaderos pensamientos a Guy, el pairing partner que era su "mejor mitad".
Algún día, le daré el beso de despedida a los barrios bajos.


Hasta entonces, todos los que expresaron esos mismos sentimientos y dejaron las barriadas atrás tuvieron que regresar con sus espíritus desmoronados y la cabeza gacha después de apenas un mes. Sin ni una pizca de miedo Riki puso toda su convicción en esas palabras y miró hacia al futuro.
Algún día. Te lo aseguro.


 

 

 

Cuatro años antes.
Tres meses habían pasado desde que Bison se rompió inesperadamente como un avión desintegrándose en el aire. A altas horas de la noche, Riki se internó en la guarida de Guy tras el muro.



-Hey ¿estás bien?-
Tan pronto como abrió la puerta, Guy captó con su mirada un rostro con un aliento completamente cargado de alcohol por lo cual tuvo que apartarse. Aún cuando estaba ebrio, Riki no era un borracho, pero ahora mismo para Guy él olía como si se hubiera bañado en alcohol.


 

Ver a Riki en este estado de excitación causaba a Guy un alto grado de ansiedad. Antes incluso de invitarlo Guy frunció el ceño reflexivamente -Riki ¿qué sucede?-


Claramente sin dar gran importancia a su deplorable condición, Riki se inclinó hacia adelante, tambaleándose, las comisuras de sus labios se doblaron hacia arriba -Un pequeño regalo- dijo, presionando algo contra el pecho de Guy.




 

Guy había oido rumores, pero cuando se trataba de un snockoff de etiqueta, por no hablar del auténtico producto, esta marca de cerveza negra lucía unos precios astronómicos que ni siquiera Dios podía permitirse. Tragó saliva -¿Dónde diablos conseguiste esto?- preguntó con voz enronquecida.

 

Riki se echó a reír con una sonrisa reprimida. Esto podría ser auténtico, o era una cervaza negra casera de los barrios bajos con una etiqueta pegada. Mirando los holgados labios de Riki y su boca descuidada, Guy no podía adivinar lo que le pasaba por la cabeza. Como si hubiera cortado de raíz sus inquietudes, habló detenidamente -Ciertamente pareces de buen humor ¿Te hiciste rico?-

Lo palpó suavemente. Riki se arrojó sobre una buena cama, como Pedro por su casa, y masculló -Si, algo así- Levantó sus pesados ​​ojos legañosos y resopló por la nariz -Aún así, el Roget Renna Vartan es jodidamente impresionante, también-
-¿Qué clase de broma es esta?-
-¿Eh? Me acaba de pasar que conseguí un raro producto de otra época por el que ni pensarías en rezar para tenerlo y quería compartir la alegría. Mierda, no estarás diciendo que la trinqué, ¿verdad?-


 

Con esto, Riki torció su cuerpo y se echó a reír, con una voz que se acercaba a un tono chirriante. Guy no estaba seguro de si esa carcajada podría ser atribuida a la bebida, o era una heladora y retorcida auto-burla sobria, y no pudo reprimir un sentimiento de aprensión que crecía en él .

 

Si no recordaba mal, esta era posiblemente la primera vez en mucho tiempo que Riki hizo de la noche de Midas una matanza de crucero. A eso se debía su repentino cambio de apariencia. Guy metió las manos en los bolsillos de Riki y se topó con que estaban llenos de tarjetas de crédito de prepago - Has conseguido más que suficientes ¿no? Deberías salir de esto antes de que te pillen con las manos en la masa[b style="mso-bidi-font-weight:normal"]-[/b]

[b style="mso-bidi-font-weight:normal"] [/b]

Riki respondió dandole una patada juguetona a Guy en el culo -La dama de la fortuna me está adorando intensamente esta noche. En un momento como este, es de buenos modales corresponderla con la misma adoración. Tu te lo pierdes, Guy. Yo mismo iré por otra ronda-
Riki rió despreocupadamente y desapareció entre la muchedumbre. Esa fue la última vez que Guy lo vio ese día.


 

Por entonces, Guy no había estado particularmente preocupado. Aunque lejos de eso en su mente, el Riki inusualmente excitado le seguía pareciéndo la última persona de quien se esperaría esas actitudes tontas. Para Guy no había duda de que tenía la moral alta y encontraría alcohol para beber toda la noche.
Pero ahora que lo pensaba, esa noche había sido el comienzo de algo... algo sucedió ahí fuera, pero Riki no mostró el más mínimo indicio de ello.



Un mes después Riki soltó el bombazo:
"-Guy, me retiro de Bison-"


 

Tiempo atrás, antes de hacerse los reyes de la montaña en los barrios bajos, Bison se formó para proteger a los grupos de recién llegados quienes disfrutaban de no tener patrones y no tenían conexión con las colonias de astutos pícaros mayores que se los podían comer vivos.

El festín de los poderosos con los débiles. Ellos luchaban, por lo que eran. Aquella era la dolorosamente transparente lógica del poder de las barriadas. Los fuertes heredaban la tierra... ¿cómo no podrían hacerlo?

Los que prevalecían y avanzaban a la siguiente ronda en la lucha por la existencia se ganaban el derecho a proclamar en voz alta su propia justicia. No había lugar para aduladores y llorones. No se confiaba en nadie. Para bien o para mal, aquellos que no podían hacerse un lugar en el mundo serían completamente desplumados.

Lo mejor era hacerse fuertes y evitar ser jodidos. Esa era la ley de los barrios bajos. Aunque individualmente fueran débiles, la unión hacía la fuerza. Si los que individualmente estaban desamparados compartían sus intereses comunes y trabajaban juntos, podrían limpiar las calles. Riki se había convertido en el catalizador, en la pieza clave que lo hizo posible.

 

-Evitar bajas y jugar por lo seguro no nos garantiza nada- esa había sido la férrea política de Riki desde sus días en el centro de acogida Guardian.

Pero Riki también decía -Eso no significa que tenga la menor intención de ponerme crítico con desconocidos- aparte se decidió a convertirse (por pura necesidad) en el líder de facto de Bison, no tenía un deseo particular de ocupar esa posición ni ningún apego a ella.

Simplemente no podía tolerar a la gente que pretendiera hacerle dar su brazo a torcer, personas que usaban guantes de seda ocultando puños de acero. O bien estrategias indirectas y molestas intrusiones. O esos estafadores que compraban su salvación a costa de los demás.

 

Los acólitos que tenían el cariño de Riki ardían en una llama candente por él, pero con la única excepción de Guy, los negros ojos de Riki nunca ardieron con la misma devoción hacia ellos. A pesar de esto, Riki tenía una presencia encantadora, y encendía en ellos una especie de euforia.

 

Y entonces Guy, y luego Sid, y después Luke, y a causa de él, Norris, confiaron su fortuna a Riki y formaron los pilares alrededor del trono de su carisma. Ellos tenían sus propios deseos. Soñaban sus propios sueños. Y aspiraban a apartar a la oposición y convertirse así en los líderes de la manada de los barrios pobres.

 

Pero una vez que riki abdicó, por la razón que fuera, ninguno tuvo el deseo de convertirse en su sucesor, y es por eso que Bison se desintegró. Como extranjeros miraron con asombro, como se desvaneció dándo las buenas noches sin apenas luchar.

 

¿No era él como una tierra que los ángeles temen pisar? Se andaba hablando en las barriadas, y en la manera en que los envidiosos rumores sobre el tema se extendían, se creyó que él pudo realmente haberlo hecho por dinero. Poco tiempo después, justo cuando todos empezaban a dudar que volverían a ver su cara de nuevo, él apareció de repente con una caja de licores caros de una talla que los barrios bajos nunca habían visto antes.

 

Mientras saludaba a toda la conmoción con una gran sonrisa, él no estaba intoxicado ni en lo más mínimo por las miradas de envidia y celos que recibía. Ni por asomo. Guy y los otros creían haber detectado algo insondable en los ojos negros de Riki, la intensidad de un hambre voraz e insaciable.

 

No solo Guy y los otros, pues todo el mundo en las barriadas quería saber la fuente de sus riquezas.

 

-"Oye, Riki. No estarás comiendo de la mano de uno de esos nuevos ricos ¿verdad?"-

-"No puede ser. ¿Crees que hay alguien capaz de ponerle un bozal a un corcel salvaje como Riki?"-

-"Entonces, cual se supone que es la verdadera explicación"-

 

Le interrogaban, arrojandole punzadas sarcásticas y pinchazos burlescos, Riki no hacía el menor esfuerzo por responderles, salvo con vagas respuestas evasivas.

 

No le presionaron más que eso. Aún cuando ellos ya no salian juntos desde el 24/7, Riki seguía siendo el mismo Riki de entonces, y por lo tanto no causó más que la antipatía y celos

que se esperaban.

No, no era eso.
Su llamativo cabello negro azabache y sus ojos obsidianos, junto con su vivaz aura sellada en el interior de sus hábiles extremidades, se habían vuelto más intensos. Riki era libre de los grilletes en los que Bison se habían convertido, y la gente incluso pensó que había recuperado algo de la brillantez de su verdadera naturaleza.


 

Nadie expresó estos pensamientos con palabras, pero se habían percatado de que la disparidad entre ellos y Riki se había vuelto aún más grande. Ellos medio-inconscientemente se mantenían en jaque para que toda su cobarde envidia no terminara distorsionando su visión de la vida, y no partir en dos las cadenas que les mantenían junto a Riki.

 

Guy no podía hacer más que preocuparse. No como miembro de Bison sino seriamente, como pairing partner de Riki, constantemente a su lado.
-Oye, Riki. Tu no quieres meter las narices en algo como eso-


-¿Qué diablos buscas mirándome de esa manera así de repente?-

-No trates de ponerme una venda en los ojos ¡Dame una respuesta!-

 

Guy se inquietaba ya que deseaba ser el cómplice emocional de Riki. Eso era lo que quería, y así es como esperaba que siguieran las cosas por siempre. Pero entonces ¿De dónde venía este extraño sentimiento de irritación? ¿La ilusión de que los lazos que les conectaban a él y a Riki se estaban desenredando poco a poco?

 

Riki suspiró profundamente y habló en voz baja -Ya lo sabes, Guy, las oportunidades no caen del cielo. Especialmente oportunidades para tios como nosotros de ver la luz del día- entrecerró ligeramente los ojos, unos ojos empañados en alcohol -Esa cerveza negra que he traido, iba a reservarla y hacer que dure más tiempo pero me cansé de los rumores de mierda que corren sobre mí-

 

En silencio hablaba consigo mismo en su mente de cosas que se había estado guardando en su interior.
-Si voy a seguir viendo los mismos viejos sueños, quiero ver un puñetero gran espectáculo.


Estar simplemente ahí sentado con el pulgar en mi boca y una mirada nostálgica en mi cara hasta el final es una pérdida de tiempo. Ambos conocemos toneladas de tíos así. Ya lo sabes.-



Él sabía a lo que se refería.           

 

-Guy, odio esto. Si sigo así para siempre, voy a pudrirme desde dentro hacia afuera. Ya es suficiente de andarme poniendo los pelos de punta-

 

Conocía el peso de la realidad.

 

La conocía completamente por dentro y por fuera.

-Voy a largarme de aquí y ver por mi mismo- dijo en voz alta, como si demostrara la fuerza de su inquebrantable voluntad.

 

Guy no sabía qué había llevado a Riki a esos extremos. Riki estaba descubriendo algo sobre su lugar en el mundo, pero Guy nunca le presionó respecto a eso, tal vez porque temía que al hacerlo pudiera causar la ruptura del vínculo que compartían. Así que simplemente asintió lacónico -Si, claro...-

 

Sus labios se curvaron ligeramente mientras unas afiladas espinas invisibles se atascaban en su garganta.

 

 

 

Midas. Area 9. Ceres. Aquellos callejones pudieron haber tenido pasado alguna vez, pero no poseían futuro.
Nada separaba Ceres y Midas geográficamente.Aunque Ceres y Midas compartían la misma tierra y el mismo cielo, resultaba que los "mestizos" de Ceres no compartían la misma targeta de identidad de la que gozaban los ciudadanos de Midas. Y esta sola diferencia era la que convertía las barriadas de Ceres y Midas en galaxias aparte.


No era ese conjunto de criminales sueltos y vagabundos que dio origen a ese montón de basuca característica de los barrios pobres. Era bien sabido que el Area 9 no existía en ningún mapa ni documento de registrode ningún residente de Midas, y fue siempre de esta manera, hasta donde todos podían recordar.

 

Aquella era la desconocida crianza en discordia que estaba fuera de su vista, pero no de sus mentes. Ceres servía como un recordatorio constante a los ciudadanos de Midas, palpitando en sus miradas, disciplinando sus acciones como si amanezaran con hacerles una marca de hierro.
Encadenados en cuerpo y espíritu, la vida de los residentes de el Distrito del Placer estaban lejos de ser agradables. Encadenados por herencia al sistema de clases conocido como "Zein", no eran libres de elegir su ocupación haciendo caso omiso de las diferencias sociales. Tampoco eran libres de amar a quien eligieran amar.


 

Sin embargo, en lugar de causar problemas o desestabilizar el sistema y perder sus documentos de identidad, todos ellos sabían que era mucho mejor opción seguir las reglas y mantener la boca cerrada. La despreciable basura de Ceres estaba justo delante de sus narices, malviviendo en las barriadas, habiendo caido demasiado bajo para levantarse por sus propios medios, y mucho menos podrían salir adelante sin ellos.

 

La existencia de los bajos fondos perpetuamente flotando en la periferia de su visión servía como una clara confirmación de sus propios sentimientos de superioridad y repulsión.

 

Para los ciudadanos de Midas, la mayor humillación no eran las invasivas restricciones a su libertad de expresión y conducta, no era la indignación hacia el flagrante abuso de sus derechos humanos. Era la idea de ser despojados y abandonados en Ceres.

 

Vivir en Ceres era dejar de ser un ser humano.

 

Este hecho estaba impreso en los ganglios basales de sus cerebros e impregnado en cada célula de sus cuerpos. Era la advertencia para Midas puesta al descubierto, por lo que no iban a cometer el mismo error dos veces.

 

Una vez una revuelta estalló en Midas amenazando con derrocar el orden establecido. Las cadenas de control y servilismo impuestas por el gran señor digital fueron cortadas. Los revolucionarios buscaban lograr un nuevo orden basado en la búsqueda de la libertad y la dignidad humana ocupando el Area 9 con el objetivo de lograr la independencia.

 

-"Esta no es una revolución, es una reforma"- declaraban -"La era en la que los hombres sirven y se someten ante las máquinas a terminado"-

 

¿Pero cuando, desde donde, y cómo se provisionarían a sí mismos con el capital y materiales necesarios para tal empresa, junto con los datos y la inteligencia necesarias para desafiar a Midas, no, a Tanagura, directamente? En el Area 9 solo tenían acceso a aquellos recursos humanos y materiales que pertenecían a un pueblo acostumbrado a una existencia sitiada.

 

Los revolucionarios creían que nadie debía sentirse obligado. No había distinciones entre superior e inferior. La espectativa esperada era que todo el mundo fuera tratado por igual individualmente de su estatus. Ceres iba a convertirse en una especie de utopía.

 

-"¡Sacudid vuestras cadenas! ¡Exigid una auténtica libertad!"- era el grito de guerra que alzaban. Prometiendo el renacimiento de los derechos humanos y sin ceder lo más minimo en sus convicciones, su poder y pasión eran asombrosos.

 

Como una hoguera de rabia, las chispas que se elevaban desde el Area 9 desataron incendios en otras areas. Reprimidas por largo tiempo, sus ardientes emociones estallaron en llamas. Los rencores y resentimientos guardados hasta este momento se expresaron con actos de sabotaje de gran alcance. Cada rincón hervía entre abiertas críticas hacia el "sistema".

 

Desde el principio, los funcionarios del gobierno de Midas minimizaron la gravedad de la crisis. -"No aguantarán ni 10 días"-. Pero eventualmente fueron victimas de los efectos de la revolución al disminuir el tráfico de clientes, y se vieron obligados a tomar medidas respecto a la grave situación.

 

Quizás eran vagamente conscientes de las sombras de los aliados del Bien Común que  acechan y se cernían sobre los cabecillas que se habían atrevido a hincar su rodilla ante el "sistema". A pesar de que sus corazones estaban conmocionados en una tempestad de indignación, al menos exteriormente no intentaron protestar sobre el tema.

 

El resultado final fue que en lugar de contrarrestarles a través de la fuerza bruta y la erradicación del Area 9, Midas simplemente anunció que se suprimirían sus registros residenciales. Ese día los gritos de alegría resonaron a través de Ceres. ¡Victoria! ¡Lo habían logrado!

 

Era casi decepcionante que Midas anunciara una decisión tan magnánima, y algunos intercambiaron miradas dudosas. Pero dichas dudas se perdieron entre los gritos de victoria, las palmadas en la espalda y la exuberante bebida. Sin un solo sacrificio (ni una sola perdida de vida) ganaron sus derechos, su libertad, y su independencia. Y eso era algo de lo que podían sentirse orgullosos.

 

Sin embargo, al final se quedaron preguntandose: ¿Qué hemos ganado realmente? Y: ¿Porqué Midas reconoció la independencia de Ceres tan rápido?

 

El entusiasmo por la victoria pronto se vio abatido, y los revolucionarios contaron los días y meses y empezaron a pensar las cosas. Escaparon del mandato de Midas pero ahora se encontraron cara y cara con las demandas de su propia existencia. La dureza de una realidad que hasta ahora ni siguiera se habían imaginado comenzó a revelarse.

 

Nadie que venga aquí será rechazado. Ese era su artículo moral.

 

Junto con sus compatriotas oprimidos y oprimidas, junto con personas de ideas afines, construirían el futuro juntos. Si, eran así de ingenuos. La ayuda subrepticia del Bien Común fue muy necesaria para su independencia, y tal vez no se habían dado cuenta completamente de lo que significaba subsistir sin ellos.

 

Por supuesto estaban agradecidos por la ayuda voluntaria de los defensores del Bien Común que levantaron la bandera de los derechos humanos. Pero nunca se les ocurrió que su propia finalidad, de romper el dominio de Tanagura, la "ciudad metálica" manchada por el veneno corruptor de Midas, estaba siendo subvertida por las acciones favorecedoras y palabras inquietantes del Bien Común.

 

Como resultado, antes de que pudieran siquiera establecer su "sistema ideal", fueron invadidos por quienes estaban hechizados con la idea de un Ceres "libre". La gran mayoría de ellos sin convicciones firmes respaldando sus creencias. Solo tenían la esperanza de hacer que "algo" cambiara en Ceres, y ese "algo" ya había pasado.

 

Si alguien quería llevar el liderazgo, ese alguien tenía que entender lo profundamente jóvenes que eran. Ignorantes. Correteando con una imagen de la perfección, que celebran en sus cabezas, estaban ciegos ante la fría y dura realidad que pisaban. Su error fatal fue la falta de un líder capaz de tomar una decisión firme, sin segundas intenciones, sin perderse en sus emociones.

 

La primera realidad lanzada sobre Ceres era el caos.
Entonces vino lo de: -"¡Esto no es lo que prometisteis!"-
Y: -"¿Qué gano yo con esto?"-


Y: -"No estoy trabajando para una mierda como esa"-

Y así el descontento individual y las quejas continuaron. Eventualmente, la impaciencia porque las cosas no estaban siendo como imaginaban fue reemplazada por irritación debido a que las cosas no estaban saliendo como esperaban.

 

"Libertad inquebrantable" no significaba hacer lo que cada uno quiera sin interferencia de nadie. Para levantar reinos de libertad, era necesario respetar las reglas de la ley y cooperar. De lo contrario, una persona podía gritar "libertad" hasta que se le ponga la cara azul y sus ideales se mantendrían como meras ilusiones.

 

La independencia de una impredecible ley callejera era una independencia sin sentido. Para que la libertad ganada echara raices, eran necesarios tiempo y paciencia. Ellos eran un simple grupo y deberían haber aprendido la mas importante de estas lecciones a través de la experiencia. De haberlo hecho, las circunstancias pudieron haber cambiado a mejor.

 

Pero mientras los llamados activistas "profesionales" del Bien Común estuvieran apoyando la causa de la libertad, en Ceres, donde sus tempestades se fueron calmando y la fiebre disminuyó rápidamente, seguirían sintiéndose como extraños y forasteros entre ellos mismos.

 

Les habían dado la independencia desde Midas, pero al llevar a cabo su plan original se toparon con una serie de obstáculos, dejando Ceres en un estado de profunda angustia.

 

Sin embargo, por mal que fuera todo, sus pensamientos se aliviaban por el hecho de que al menos tenían un lugar al que llamar hogar.

 

Midas comenzó a elevarse con esa altivez y el pueblo de Ceres comenzó a aprender el verdadero precio de la libertad. Midas no presentó objeciones a los que deseaban reasentarse en Ceres, y ahora Midas negaba su repatriación debido a que sus registros de residencia habían sido destruidos y ya no existían.

 

La puerta no estaba cerrada por completo para ellos, aunque siempre existía la amenaza de que iban a tratar de destruir el sistema por segunda vez. Para aquellos que así lo querían, Midas no ocultó el empleo de técnicas de lavado de cerebro como el "ajuste de memoria" y similares.

 

El objetivo principal era mantener a salvo, vis-à-vis, tanto el Bien Común como la ciudad satélite de Tanagura. Midas no perdonó al palo ni perdonó a la astilla. El Area 9 estaba rodeada de sensores y aislado, de tal manera que ni siquiera una rata podía cruzar sin ser detectada desde Ceres.

Estas medidas sirvieron de advertencia adicional para los ciudadanos de Midas.

 

Los sueños de revolución se rompieron, los hombros de los revolucionarios quedaron caidos y sus corazones se llenaron de pesar. No había forma de esquivar, ni saltar, ni atravesar este muro de rechazo masivo. Se fueron consumiendo en Ceres, arrastrando sus pies, tambaleándose bajo el peso del remordimiento y la desesperación.

 

Justo delante de sus narices estaba Midas, vestida con sus ropas de brillante neón día y noche. Esta ramera provocaba a sus corazones, pero nunca les invitó de nuevo a entrar en la ciudadela.

 

Eventualmente, las mareas de letargo erosionaron los restos de sus almas colectivamente como una enfermedad terminal de desparasitación que se abría camino a través de la médula de Ceres ladrillo a ladrillo. Incluso cuando los tiempos cambiaron y las vallas con sensores fueron eliminadas, esto no mostraba signo alguno de detenerse. Con el paso de los años, la enfermedad se había esparcido en las degeneradas barriadas.

 

 

 

Riki partió siendo plenamente consciente del pasado, pero con sus ojos firmemente puestos en el futuro. Cuando dejó a Guy hizo un voto. -"Solo un perdedor deja de mirar atrás"-.

 

Pero entonces una noche, tres años después del día en que Riki dejó las barriadas (o bien, se desvaneció de la presencia de Guy), regresó repentinamente. Pillo a Guy totalmente por sorpresa, y solo pudo permanecer ahí, con los ojos muy abiertos, tartamudeando, incapaz de unir dos palabras.

-"Bueno, parece que te va bien"-.

 

Riki mostró su familiar sonrisa. Había estirado unos pocos centímetros, maduró tanto que casi parecía una persona completamente diferente. Su jovialidad era notablemente más tenue y sus delgadas extremidades eran maduras y esbeltas. Pero lo que le llegó a Guy fueron sus ojos, que estaban sobrios al punto de lucir fríos.

 

-Riki... ¿de verdad eres tú?- preguntó Guy, a pesar de todo. Necesitaba asegurarse.

 

Sus antiguos compañeros reaccionaron tanto bien como mal al regreso de Riki a los barrios bajos. De una forma u otra, todo el mundo quería una mirada que llenara el vacío de esos tres años perdidos. No había necesidad de decir que no pasó mucho tiempo antes de que la atención de todas las miradas de los barrios bajos se centrara, como rayos láser, sobre él.

 

Se extendió la noticia de que el "carisma" de los barrios bajos regresó como un perro golpeado. Toda clase de injurias se decían a sus espaldas.

-"¡Se lo merece!"-
-"No ha vuelto con honor, eso está claro"-


-"Menuda vergüenza da, viviendo con esa desgracia"-

 

Todos ellos le señalaban con el dedo y se reían burlonamente de él. Antes, cuando el nombre de "Bison" se apoderó del mundo como una tormenta, Riki era la rara flor inalcanzable que confió su corazón a una sola pareja. Incluso después de perder su gracia, esta flor abrió sus pétalos en el pantano de los barrios bajos continuando como un loto.

 

La flor cayó inesperadamente a sus pies. En lugar de cogerla y amarla, prefirieron pisotearla en el barro. Incontables fueron los que se volvieron esclavos de este tipo de perverso placer.

 

E incluso Riki se comía la lengua y no les contestaba, a pesar de toda la lluvia de burlas que recibía. No importaba lo descaradamente que le provocaran. A palabras necias oidos sordos.

 

Los miembros de Bison no eran inmunes a este frustrante estado de calma, esto de poner la otra mejilla ante todos los ataques sin una mueca de dolor. El hombre que se volvió a colar en los barrios bajos con sus sueños rotos al menos había arrastrado consigo todo lo que compartió, ardientes sentimientos de otro lugar en otro tiempo.

 

Tales fueron los frutos incomibles de desesperanza, los dolorosos espasmos de autodesprecio, y por encima de todo, las oscuras nubes de locura agrupandose en lo profundo de la desesperación. Era una práctica común sumergirse a sí mismos en las drogas y el alcohol, encerrarse dentro de su cascarón interior, y huir de las visiones del pasado al escapar brevemente soñando despiertos.

 

Pero Riki había cambiado. Atrás quedó esa intensidad al rojo vivo que una vez quemó todo lo que tocaba. Nada de eso. Ahora, sus ojos sólo parecían bajar la mirada ante los demás. Y así fue como se vació el vaso, como si estuviera permanentemente perdido en sus pensamientos. Había algo tras esa apacible quietud.

 

No había forma de que Guy pudiera discernir el corazón de ese Riki que mantenía los labios cerrados. Sin embargo, a la afirmación común de que "todo sea para mejorar," la transfiguración de Riki había provocado tantos cambios profundos y radicales que sólo podía mostrarse de acuerdo asintiendo con la cabeza reflexivamente.

 
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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Riki The Dark el Miér Sep 11, 2013 10:41 am

Al fin he tenido tiempo para leerlo, y me ha encantando. ¡Estare al tanto para ver cuando suben e nuevo capitulo!

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Kira Alpha Dinash el Sáb Sep 14, 2013 6:50 pm

cuantos capítulos son en total de la novela?

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por Calisto Dermaur el Dom Sep 15, 2013 6:33 pm

Son 6 tomos, y cada uno tiene 6 capítulos, o sea, contando los caps de todos, esta novela tiene en total 36 caps

Al fin tengo una agenda para organizarme bien los horarios de estudio y el tiempo dedicado a los fansubs, de modo que espero no volver a tardar tanto.

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Re: Ai no Kusabi (Novela) en español

Mensaje por 000seven el Vie Oct 18, 2013 4:42 pm

Yo me muero por saber el final verdadero de ai no kusabi segun he leido no es igual al del anime, estare esperando
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